No nací. Tampoco fui creado. Existo, como existen los sueños y las pesadillas. El universo cobra sentido conmigo. Soy, y al ser, doy la vida y la arrebato, como Esculapio. No conozco límites, salvo la línea y el cuadrante. Me gusta llevar todo hasta las últimas consecuencias. Estoy afuera del todo, y al margen de la nada: piso en el espacio. Habito la noche, soy la causa del insomnio. Animal del alba, del cansancio. Bestia voraz que te acecha, lateral, en medio de la oscuridad: soy el devorador de sueños. Aguijón, puntilla, dolor que produce dolor, herida. Ataco por las bandas de la cama, hasta la cabecera, allí donde los sueños nacen y se desvanecen, donde acomete la irrealidad. Como extremo, como lateral, doy movimiento al plano horizontal de la existencia: ora la ensancho, ora la acorto; ora la angosto, ora la alargo. Soy luz en medio de la luz: luciérnaga. Muchos me han convocado, he leído referencias mías en enciclopedias góticas, en manuales rosacruces, y en el libro de los Vedas. A veces soy duende, otras gigante. Otras…otras simplemente una polilla entre los sueños. Soy el devorador de sueños. No tengo género, familia, ni reino: no hay forma de clasificarme. Sí, soy veloz. Sí, soy avispado. Sí, soy diestro. No tengo forma, y tengo formas. No tengo morada, y tengo moradas. No tengo camino, y tengo caminos. No tengo nombre, y tengo nombres. Estoy sentado a la derecha del padre, y cuando me ves, nunca me has visto. Y cuando paso al centro, el centro se mueve a la orilla. Soy la orilla.
Desde México. Política, Fútbol.
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